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Rompiendo estigmas: ¿los ninis crean inseguridad? ... ¿o es al revés?

Autor: 
Margarita Beneke de Sanfeliú, Lissette Calderón, Mario Chávez
Fecha: 
Vie, 08/02/2019

Desde 2010, El Salvador ha atravesado un período de bajo crecimiento económico, acompañado de una reducida generación de empleo (Argumedo y Oliva, 2017), y de un aumento de la delincuencia y la violencia. En 2018, se registraron 50 homicidios por cada 100,000 habitantes, una tasa que duplica el promedio para América Latina, que se ubica en 22.3 homicidios por cada 100,000 habitantes (Banco Mundial, 2018).

La incertidumbre, la falta de seguridad jurídica y la inestabilidad en las políticas públicas, así como la baja competitividad y los altos niveles de delincuencia han contribuido a generar un clima de inversión desfavorable entre los empresarios (FUSADES, 2017a). Además de afectar la inversión, el crimen y la violencia hacen más costoso hacer negocios, obstaculizan la creación de empleo, amenazan al desarrollo social y afectan negativamente la calidad de vida de la población (FUSADES, 2017a). Casi tres de cada 10 empresarios salvadoreños señalan que el crimen y la violencia es la principal limitante para el crecimiento de sus empresas (World Bank Group, 2016). En general, el crimen y la violencia son graves obstáculos para el desarrollo generando un elevado costo, el que ha sido estimado en 6.1% del PIB para El Salvador (Jaitman, 2017).