Suscríbase a nuestro boletín mensual INFÓRMATE, para recibir nuestros documentos digitales y lo más reciente de FUSADES.

Suscríbase

Se presenta cuarto componente del proyecto progresando en el nuevo Milenio sobre saneamiento macroeconómico infraestructura y conectividad

hew



Este día se realizó el cuarto evento de presentaciones de capítulos del documento de FUSADES: “Progresando en el nuevo milenio: elementos para un plan de desarrollo”, en el que se presentaron los dos últimos capítulos, el siete “Infraestructura y conectividad” liderado por la investigadora Carolina Alas de Franco, y el capítulo ocho “Saneamiento macroeconómico”, liderado por la investigadora Luz María Serpas de Portillo.

Para darle continuidad a la metodología de las presentaciones anteriores, en una primera parte se presentó cada capítulo a una audiencia con varios invitados; posteriormente se conformó un panel de comentarios para cada tema; en el de de Infraestructura y conectividad, los panelistas fueron Carlos Sánchez, de Ernest & Young; Roberto González, de Del Sur; y Jaime Menéndez, de Microsoft El Salvador.  En el tema de Saneamiento macroeconómico los panelistas invitados fueron Luis Membreño, de Luis Membreño Consulting; Carlos Pérez, consultor; y Juan J. Barrios de la oficina del BID en El Salvador. 

Las propuestas en los temas de infraestructura y conectividad, destacan la necesidad de conectar a personas, empresas y gobierno. Se propone reforzar tres modalidades de conectividad: digital, física y energética. En la primera, se refiere a la conectividad que permite intercambiar cantidades masivas de información por medio de la tecnología cada vez más sofisticada y potente de las computadoras, que permite procesar esta información, haciendo uso de inteligencia artificial, y de Internet de alta velocidad y banda ancha, sin lo cual ya no es posible competir globalmente, se debe pasar a la conexión 5G. Esta conectividad será útil para mejorar cualitativamente los servicios de gobierno, y mejorar así la calidad de vida de las personas, por medio de una plataforma de gobierno digital, siguiendo el ejemplo de países como Estonia.

Segundo, la infraestructura de transporte y logística, permite la movilización física de personas y bienes, y ser parte integrada de la economía global. Esta movilidad debe ser ágil, el tiempo es clave, para poder ser competitivos a escalas regionales y globales. Se refiere a puertos, carreteras, aeropuertos y aduanas modernas, en un sistema multimodal integrado, que permita aprovechar la ubicación geográfica de El Salvador para conectarse a nuestros principales mercados y diversificarlos. 

Tercero, la conectividad con fuentes de energía, que es necesaria para movilizar e iluminar. La electricidad, que ahora se está convirtiendo en fuente de energía para carros y buses eléctricos, y también los vehículos autónomos que utilizan inteligencia artificial. Igualmente, el abaratamiento de la energía solar, está permitiendo que cada vez más empresas, y muy pronto también los hogares, se conviertan en generadores de electricidad, y no solo usuarios. Las nuevas tecnologías de almacenamiento de energía eléctrica, también tienen implicaciones para un funcionamiento eficiente de estos mercados. Será crucial que El Salvador comience a adecuar ya la legislación, para poder sacar ventaja de estas oportunidades.

Para poder desarrollar estas tres formas de conectividad, y también el resto de la infraestructura, en salud, educación, agua y en otros sectores, se proponen dos pilares transversales. El primero, es la creación de un Consejo Nacional de Infraestructura Estratégica (CNIE), entidad que estaría a cargo de la formulación del plan nacional de infraestructura, y funcionaría con un enfoque estrictamente técnico. El segundo pilar es que el financiamiento de la infraestructura se impulsaría principalmente por medio de Asocios Público Privados (APP), ya que el país cuenta con una ley de APP, pero a la fecha aún no se ha adjudicado ningún proyecto de este tipo. La estrategia propone que este mecanismo sea utilizado ampliamente para financiar todo tipo de infraestructura que el país necesita.

Desde el punto de vista del saneamiento macroeconómico, el desafío de las finanzas públicas es atender las grandes necesidades de la población en un entorno de sostenibilidad fiscal, creando condiciones favorables para el crecimiento económico. Se debe tomar en cuenta que El Salvador es un país con bajo crecimiento económico, con deuda elevada (72% del PIB), con grandes necesidades que cubrir en áreas relevantes para la población, como salud, educación, seguridad ciudadana. Y, por otra parte, se debe pagar la deuda, considerando que el país es vulnerable a eventos naturales, como terremotos e inundaciones y shocks externos.

Las medidas que se implementen en los próximos cinco años deben garantizar el financiamiento eficiente y sostenible de la inversión social, y disminuir la deuda, sin menoscabo de un mayor crecimiento económico. Para lograr esto se proponen seis áreas de acción. En primer lugar, debe haber un gasto público eficiente, mediante un presupuesto por programas y resultados, compras conjuntas de bienes y servicios, y a través de subasta inversa, así como una inversión pública eficiente. En segundo lugar, se debe fortalecer la administración tributaria para mejorar los ingresos, introduciendo la factura electrónica y la simplificación tributaria para pequeños contribuyentes. En tercer lugar, se plantea la necesidad de mejorar e incrementar la inversión social, lo cual se puede financiar por medio de medidas de eficiencia en los ingresos y gastos del gobierno. En cuarto lugar, es necesario reducir la deuda pública, para la cual se debe reducir el déficit fiscal en tres puntos del PIB. En quinto lugar, se debe realizar una gestión óptima del stock de deuda, mediante acuerdos políticos oportunos para autorizar emisiones de bonos, cuyos recursos se usarán para pagar los que vencen en 2019 y otros años. El financiamiento mediante LETES solo debe ser utilizado para cubrir desequilibrios temporales entre ingresos y gastos. Y sexto, se debe desarrollar a mediano plazo una política fiscal contracíclica. Implica que en períodos de mayor recaudación el gasto debería contenerse o disminuirse, lo que permitiría ahorrar, para poder expandirlo en épocas de menor recaudación. Para operativizarlo se propone introducir en la Ley de Responsabilidad Fiscal un objetivo de déficit fiscal estructural. También es necesario revisar y actualizar las reglas y parámetros de dicha Ley, acorde con el PIB año base 2005.

Share