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De los vínculos sociales al desarrollo comunitario

Autor: 
Aída Carolina Quinteros
Fecha: 
Jue, 11/09/2017

Los vínculos sociales, bajo algunas circunstancias, pueden contribuir con el desarrollo o actuar en su contra. Ciertamente, la asociatividad, el apoyo familiar y comunitario son positivos (Putnam, 2002), pero sus beneficios solo aplican para integrantes de esa comunidad -- excluyendo a otros—y podrían estar siendo reforzados mediante demandas excesivas a sus integrantes, restricciones a libertades personales e incluso normas niveladoras hacia abajo. Adicionalmente, los vínculos afectivos, que por su propia naturaleza son difíciles de fiscalizar, pueden generar prácticas antidemocráticas, como clientelismo, nepotismo y dar cobertura a organizaciones sectarias o redes delictivas (Coleman, 1990; Arriagada, 2003; Portes, 1998). En suma: “pueblo pequeño, infierno grande”.

De hecho, algunos estudios sostienen que factores como desigualdad, etnia, educación y región, tienen más incidencia en el desarrollo de las comunidades que los vínculos sociales, por lo que mejorar el nivel educativo y reducir las desigualdades económicas entre los habitantes tendrían mejores resultados que el mero fomento del tejido social (Portes y Vickstrom 2012). 

Empero, otros estudios muestran que vínculos sociales fuertes sí pueden ejercer un efecto positivo en la medida en que las comunidades se movilicen productivamente y en beneficio del conjunto, sus recursos asociativos (Durston, 2003). Estos recursos son: confianza, reciprocidad y cooperación. La confianza nace de la certeza de que la generosidad será correspondida; la reciprocidad se origina de una cadena de favores y la cooperación sería la acción orientada a objetivos compartidos (Durston, 2003). Pero, si se percibe que los favores no son devueltos, que la generosidad no es correspondida y que los sacrificios no son recompensados, no habrá posibilidad de construir confianza, reciprocidad, ni un proyecto común.  

Adicionalmente, se requiere que esas acciones se conecten con el marco institucional en un relacionamiento virtuoso entre el sector público y privado, y que la comunidad traduzca sus lealtades parroquiales en identidades más universales y formas de organización abarcadoras (Evans, 1996). En ese sentido, las instituciones públicas desempeñan un papel fundamental y por ello se requiere de un aparato de gobierno meritocrático que asegure relaciones no clientelares con la sociedad civil o el sector privado; pero, también de una adecuada estrategia de descentralización y apertura para iniciativas que provengan desde lo local (FUSADES/DEP, 2017). 

Y, aun en estos casos, hay que tomar en cuenta que el capital social no es igual para hombres y mujeres ni para todas las familias (Peterlini, 2011; Martínez, 2006), por lo que no resuelve de la misma manera los problemas de sobrevivencia y desarrollo para todos los integrantes de esa comunidad. Así, las acciones de desarrollo comunitario deberían atender inequidades internas y nivelar la cancha para todos los integrantes de esos territorios. 

Finalmente, es muy probable que el entorno influya en los resultados de las acciones por el desarrollo de las comunidades. En El Salvador son la violencia y la emigración, los factores que pueden minimizar las posibilidades de éxito de los proyectos de desarrollo territorial.  

Lo destacable es que hay esfuerzos encaminados a generar círculos virtuosos a partir de los vínculos comunitarios, movilizando lazos sociales hacia acciones de beneficio común; existen trabajos desde las comunidades escalando alianzas con territorios vecinos y buscando sinergia con autoridades; así como esfuerzos de organismos de cooperación que atienden las disparidades entre los habitantes de las comunidades (FUSADES/FORTAS, 2013; RM, 2015; Prisma, 2002). 

En cualquier caso, es importante destacar que los vínculos sociales son importantes pero no suficientes para promover el desarrollo de las comunidades. Para que sean un factor de bienestar, los recursos sociales deben ponerse en acción, interactuar con las instituciones y autoridades, escalar hacia el territorio y atender las desigualdades existentes al interior de las comunidades.

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